La postura cuenta

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Estaba tumbada en mi sofá, en una postura poco femenina. Una pierna sobre el respaldo, la otra en caída libre y pensando en las musarañas.

Era uno de esos días que no tienes ganas de pegar golpe.

Ojala tuviese yo una varita mágica como Mary Poppins,  que me limpiase toda la casa por arte de magia. Pensé.

Allí estaba yo embelesada, imaginándome la situación y recreándome en ella, cuando sonó un pitido en el móvil, un wasap.

Esto estropeó el glorioso momento, me sacó de mi ensimismamiento trasladándome a la triste realidad. Seguía todo por hacer, no había varita.

No osé mirar quien era el idiota que había roto el silencio, mis pocas ganas de mover ni un mísero músculo me lo impidieron, así que me mantuve en la

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