Dicen que si bebes, no conduzcas

Me sumergí en un caliente y espumoso baño.
Cerré mis ojos e incluso la mente.
Cada parte de mi cuerpo se fue relajando lentamente.

Ummm… Que bueno, cuanto tiempo sin darme este placer.

baño de espuma

baño de espuma

Sabía que si permanecía un poco mas acabaría durmiéndome, así que alargué mi estancia en la bañera únicamente cinco minutos mas.

Me cubrí el cuerpo con una toalla caliente y con otra envolví mi rebelde cabello.

El cuarto de baño estaba lleno de vaho, no se veía nada. Con un extremo de la toalla limpié el espejo formando círculos.

Al verme reflejada exclamé un sonoro “buffffff…” No me había desmaquillado y se me había corrido el rímel.  Todo el contorno de mis ojos estaba completamente ennegrecido. Mi apariencia era la de un mapache.

Busqué hasta la saciedad el desmaquillante, pero finalmente tuve que desistir.

Ya me lo han cogido otra vez !!
Que manía tienen de no devolver las cosas a su sitio.
Bueno, la verdad es que esto lo han heredado de mi.
En fin, eso ahora no viene a cuento.

 

Me vestí con mi pijama preferido, “El Yeti”.

En casa lo llamaban así. La verdad es que me sentaba de pena, ya que me hacía terriblemente enorme. De ahí venía lo del piropo, pero eso a mí no me quitaba el sueño.
Era de color gris claro, peludo, muy suave y caliente. Me encantaba llevarlo.

Encendí la chimenea y a continuación me dispuse a abrir la caja de Navidad que me habían regalado en el trabajo. La puse encima de la mesa y empecé a mirar su contenido.

Turrón, otro turrón, galletas saladas, paté de no sé qué, frutos del mar. ¿Frutos del mar? ¿Que carajos será eso? En fin, a ver que más, sidra, cava, vino blanco y vino tinto.

Abriré la de tinto.
A ver…
 Crianza, denominación de origen, Tempranillo, ajá, barrica… Combina muy bien con quesos y embutidos, bla, bla.
Vale. Perfecto. 

Descorché la botella, preparé una tabla de quesos, me acomodé en el sofá con las piernas cruzadas y arrimé la mesa de centro a tope hacia mí, así lo tenía todo a mano.

Vino, copa, quesos, cubiertos, pan tostado, libro, gafas de vista y caja de bombones.

Se estaba de cine con ese silencio tan poco habitual. Esa noche todos tenían cena de clase o de empresa.

Como se pasan dejándome aquí solíta…De que no.
La verdad es que esto deberían de hacerlo mas a menudo.
Que maravilla. De aquí no me mueve nadie, ni con grúa, vamos.

Empecé a untar el queso sobre el pan cuando sonó mi teléfono móvil.

Joder…  ¿Quien será?
Y encima el móvil está allá en el quinto pino. Bufff…

Deshice el lío de mis piernas como pude y por un lateral del sofá logré bajar los pies al suelo.

El sonido provenía del bolso. Lo revolví en busca del aparato.

Por fin lo tengo.
Ahh, vale, es mi hija.  

-Dime.

-Mamá, que he venido a la cena con mi amiga en su coche, pero la vuelta a casa la haremos con Taxi.

-¿Y eso? Le pregunté yo.

-Nada, que dice que como vamos a beber algo, pues que mejor lo dejamos aparcado aquí en la playa.

-No, yo iré a por vosotras.

-¿Pero qué dices? Si volveremos tarde.

-No me importa. En serio, voy a estar despierta leyendo.

-Que no mamá, que no hace falta, además ¿Leyendo tú? Si a la segunda página te quedas frita.

Ya lo sé, suele pasarme…

-¿Yo?  Que va, nunca.

-Bueno, te dejo. Volveremos con Taxi.

-No habrán taxis a esas horas. Tú llámame.

-Que noooooo….

-Que siiiiiiii….

-Te mandaré un wasap. Chao.

Dejé mi teléfono cerca por si llamaba alguien más y empecé por fin a cenar. Cuando llevaba la segunda copa me di cuenta de que era un vino peleón.

Vaya, este vino que me han regalado no vale un pepino y si sigo bebiendo me va a dejar KO.

¿Porque se empeñaran en poner tanto trasto en la caja?

Turrón duro, no me gusta, se me pega en los dientes.
Turrón blando, no me gusta, se me pega en el paladar.
Galletas de no sé qué, no me gustan, saben a serrín.
Yo preferiría que me regalasen una  botella de buen vino y otra de cava, que no tanta chorrada. Pero en fin, más vale eso que nada.

Empecé a notar que se me dormía una pierna por tenerla tanto rato en la misma posición, así que las estiré a lo largo del sofá. Me puse cómoda colocándome un mullido cojín en la espalda, atraje hacia mi la manta y me puse a leer.

Cuando llevaba unas cuantas hojas leídas, empezaron a picarme los ojos. Con el dorso de las manos me los frote varias veces. Miré las manos y vi que estaban ennegrecidas.

Ahhh, claro, el rímel. Vale, luego.  Ahora no pienso levantarme.
Caramba estoy en la gloria, que bueno. Si ya lo decía yo, deben de salir más veces.

Involuntariamente fui cerrando los ojos y sin darme cuenta me quedé dormida con el libro en la mano.

Zzzzzzzzz
Zzz………..
……………..

Sonó un wasap.

Ostras. ¿Qué hora es?  Tengo que recogerlas !!

Me levanté dando un brinco y empecé a rebuscar.

Móvil. Llaves, llaves… Si, aquí.
Bolso, bolso, bolso… ¿Dónde lo he metido?
Da igual, venga. No lo necesito.

Cogí un par de bombones que habían en la mesa. Me llevé uno a la boca, estaba relleno de licor, sabía bien.

Al salir de casa vi que llovía, me subí rápida al coche para no mojarme.

La carretera hacía la playa estaba desierta. No se veía ni un alma.
Llevaba un rato conduciendo cuando a lo lejos vi unas luces azules.
Me fui aproximando.

¿A estas horas de la madrugada la policía? Que pringados, ahí lloviendo.

Eran dos. Uno de ellos me hizo el alto y me señaló el carril adicional para que parase.
Se aproximó hacia mi puerta y con los nudillos golpeó suavemente la ventanilla.
Le dí al botón y chirriando el cristal bajó hasta abajo.

-Buenas noches.

-Buenas noches.

-Pare el motor si es tan amable.

-Vale.

¿Ha bebido usted?

Mmmm… No creo que me dure el efecto del vino, ya hace muchas horas.
Ah, pero el bombón llevaba licor. ¿Eso contará? ¿Qué hago? ¿Le digo que sí?

-No.

-Bien. Carnet de conducir.

Empecé a palpar el asiento del copiloto en busca de mi bolso. Me incliné hacia el suelo, pues siempre me caía hacia delante.

Joder. ¿Dónde lo habré metido?  Mierda, me lo he dejado en casa !!           

-Pues resulta, que con las prisas me he dejado el bolso en casa.
Bueno… Tampoco iba tan deprisa, lo normal. A treinta o por ahí.

-A treinta. Dijo él.

-Bueno, entre treinta y cuarenta más o menos, creo.

-Documentación del vehículo.

Bufff… No la tengo, se la llevó mi hija para compulsarla y no me la devolvió.
¿Y ahora qué?

-Pues resulta… Pues, que no la tengo.

-Ahhh…

-Pues eso.

Con su linterna iluminó el interior de mi coche. Primero los asientos traseros, a continuación el del copiloto y finalmente mi cara.

Eso no me gustó nada, ya que me dejó deslumbrada, por lo que me cubrí los ojos con las manos. Al poco fui separando los dedos uno a uno, mirando por entre ellos, pero sin apartarlas de mi cara.
Cuando dejó de alumbrarme tanto decidí descubrirme.

-¿Qué le ha pasado en la cara?

-¿A mí?

-Si. A usted.

-Nada. ¿Por?

-Tiene los ojos muy extraños.

-¿Extraños? ¿A qué se refiere?

-Los tiene muy raros. Parece un mapache.

-Ahhh… Lo sé. De vez en cuando soy un mapache.

El policía se volvió hacia su compañero, pero este estaba ocupado mirando su teléfono.

-Voy a hacerle la prueba del alcohol.

-Ni flores.

-¿Cómo dice?

-Que no pienso hacerme la dichosa prueba esa.

Qué asco !!
Todo ahí chupado, con las babas de todo el mundo. Ni pensarlo.

-Está precintado.

-Ahhh… ¿Si?

-Completamente sellado.

-Me da igual. Que no.

-Mire, haga el favor de…

-No me va a obligar, ni pensarlo.
Voy a llamar a la Guardia Civil. Sí, eso, voy a llamarla.

-Señora. Nosotros somos la Guardia Civil.

-Ahhh… ¿Si? ¿En serio?

-Si,

Bufff…Que metida de pata.

-Pues… Pues, no sé.  Pues entonces voy a llamar a mi abogado.

El policía volvió a mirar a su compañero. Aquel levanto la cabeza como preguntándose qué era lo que ocurría. Este le dijo: “Va a ser una noche muy larga.”

-Muy bueno el chiste.

-No es un chiste.

-Ejemm.

-¿No tendrá por ahí la guía de Las Páginas Amarillas? Es que no se de ningún abogado.

El policía se acercó a su compañero, estuvieron cuchicheando algo y volvió de nuevo hacia mi coche.

-Bueno. Ya que se niega a hacerse el test de alcoholemia, tendrá que someterse a otra prueba.

-Depende.

-Le voy a hacer “La prueba de la raya”.

-Va a ser que no. Yo no tomo drogas.

-Haga el favor de salir del coche.

-No puedo. Dije, al tiempo que con la palma de mi mano bajaba el botón del seguro de
la puerta.

-¿Por qué no? Pregunto el, mientras alzaba el botón.

-Es que… Voy en pijama.

-Salga del coche.

-Además, no quiero mojarme el pelo.

-Ahhh…

-No llevo paraguas, me lo dejé también.

-Ahhh…

El policía abrió la puerta del coche y esperó a que yo saliese.
Me dí cuenta de que no tenía escapatoria, no sabía que otra excusa poner, así que lentamente me bajé del coche.
Su compañero se acercó a nosotros. Se miraron los dos e hicieron una mueca al ver mi pinta.

-¿Ve usted esa raya amarilla?

-¿La del suelo?

-Exacto.

-Claro. ¿Qué le pasa a la raya?

-Ahora usted va a caminar sobre ella.
Solo puede caerse una vez, de lo contrario le pondré una multa.

¿Pero este tio de que va?
Ahhh…Claro…. Esto es una cámara oculta. Ahora lo entiendo

-Ajajajaja… Qué bueno tío !! Le dije, dándole un empujón en el hombro.

-Empiece.

Así fué como me dispuse a caminar por la raya, con los brazos en horizontal, como un equilibrista. Como mi equilibrio era más bien nulo, me ayudé de las piernas subiéndolas y bajándolas.
Me pareció gracioso. Realmente me lo estaba pasando bomba.

No sé porque la gente se pone tan nerviosa cuando les hace el alto la policía, si es divertidísimo. Estos polis me caen super bien.

Oí un chasquido. Quizá era otro coche al que habrían parado para gastarle la misma broma. Escuché unos pasos que se aproximaban hacia mi. Noté algo en mi hombro, pero no hice caso, pues yo seguía en el Limbo haciendo piruetas.

-Mamá.

-Ahora no puedo.

-Mamá… Mamá.

Me quedé mirándola. Era mi hija.

-Ehhh, ¿Quieres probar? Es divertido.

-Mamá.

Mi hija me hablaba. Desconcertada abrí los ojos.

-¿Qué pasa? ¿Y la raya?

-¿La raya?

-Sí, el policía. La raya.

-Te has dormido.

-¿Yo? Que va.

-Estabas riéndote dormida.

-¿En serio? Ostras. Dije incorporándome del sofá.
No me digas que lo he soñado… Pero si me he ido a por ti.

-Hemos venido en taxi.

-Me habías enviado un wasap diciéndome que te recogiese.

-¿Yo?

-Bueno…Pues vale.

-¿Lo has pasado bien?

-¿Quién yo? Claro. Aquí súper cómoda leyendo.

-En tu sueño digo. No parabas de reírte.

-Ahhh…
Si sumo la cantidad de barbaridades que le he dicho al policía, más la pinta que yo llevaba y con los ojos de… Ya sabes. Además de lo ridícula que estaba caminando por la raya… La verdad es que sí. Ha estado genial.

-Parece interesante. No tendrás sueño pues.

-No. ¿Y tú?

-Es casi de día, pero no mucho.

-¿Te apetece un chocolate caliente? Estoy helada de haber estado por ahí fuera en pijama. Ajajajaja.

-Sí, ajajajaja.

Nos fuimos hacia la cocina y cuando el chocolate estuvo a punto nos acomodamos al lado de la ventana.

Estaba amaneciendo.

Al rato le dije a mi hija:

-Oye. ¿A ti alguna vez te han hecho la prueba de la alcoholemia?

Se quedó mirándome con el ceño fruncido.

-Si, una vez.

-¿Si?  ¿Y que pasó?  Cuenta, cuenta.

-Pues resultó que venia yo de …

………………………………….

 

amparoperezortola.wordpress.com
Si no lo digo Reviento
25 Diciembre 2016

 

 

 

 

 

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