La cita

Sonó el teléfono. Era el. A ella se le aceleró el pulso. Siempre le pasaba, él la ponía nerviosa.
Tras respirar hondo descolgó por fin y como siempre, lo saludó con un “hola,  ¿Qué tal?”  El empezó a hablar, con esa suave, dulce y melodiosa voz que a ella tanto le gustaba.
Se perdió parte de la conversación, porque con tan solo escucharle le temblaban las piernas. Él le dijo que quería verla. Ella también tenía ganas de verlo. Empezaron a intercambiarse mimos y bromas y el volvió a insistir en que se vieran pronto, antes que acabase el año. Ella sin pensárselo dos veces puso fecha y hora.
El próximo martes a las seis de la tarde, le dijo. Se despidieron con palabras tiernas y así acabó la conversación.

A medida que pasaban los días, Loles pensaba continuamente en esa cita. Se preguntaba si finalmente iría.
Se sentía tremendamente atraída hacia él, como si un imán tirara de ella.

cita1

Llegó el martes. Las horas se le hacían eternas y al mismo tiempo pasaban veloces. Se sentía en una vorágine. Y por fin fue la hora. Las seis en punto.
Loles le llamó por teléfono y a las dos señales contestó el, como siempre con su adorable voz, y le preguntó donde quería que se vieran, si en algún café, o en su apartamento.
Ella automáticamente le contestó que iría a su casa, que le indicara el camino.

Cuando Loles entró en el apartamento estaba sofocada, por los nervios que tenía al estar allí.
Se saludaron con un beso en la mejilla y él se ofreció para prepararle un poleo.
Mientras, ella se apoyó en la barra de la cocina y le observó hacer. El se acercó a ella y empezó a abrazarla. Posó sus labios dulcemente en su cuello. Ella tensó su cuerpo, se quedó rígida, al tiempo que pensó que el ir allí había sido un error. Él lo intentó de nuevo, y al darse cuenta de la reacción de ella le dijo que se acomodara en el sofá. Ella lo agradeció, así se separaba de él durante un rato.

La vista desde el sofá indicaba el típico apartamento de soltero, con algunas chaquetas por encima de las sillas, montones de periódicos y revistas apilados por doquier.
Un portátil en la mesa, la cocina americana al frente y unos grandes ventanales por los que en ese momento entraba una deliciosa luz de atardecer.

Se oía al fondo una suave música, aunque ella no supo distinguir quién era el cantante. El sofá no era muy cómodo, pero todo el conjunto era armonioso.
El se acercó con las dos tazas de infusión y lo tomaron tranquilamente. Esto hizo que ella se relajara y tomara conciencia de lo bien que se sentía allí, junto a él.
Poco a poco fueron acomodándose en el sofá, hasta quedar casi acostados, mientras conversaban en voz baja.

El muy suavemente, fue acariciando su mejilla y su cabello. Ella no opuso ninguna resistencia, al contrario, le gustaba lo que allí se estaba iniciando.
El, sin dejar de mirarla, empezó a desabrochar lentamente los botones de la camisa de ella, y le acarició con sus dedos el cuello y lo que el sujetador de ella dejaba entrever. Posó sus labios sobre la piel suave y caliente de ella y deslizó su lengua por el pezón. La respiración de ella empezó a aumentar, y se miraron a los ojos.
Entonces ella le acarició despacio, con la yema de los dedos  la barba, el bigote, los suaves y calientes labios, y fue acercando su boca poco a poco hacia la de él.
Los labios de ambos se rozaron, y las tímidas lenguas también.
Una extraña y atrayente fuerza, hizo que en ningún momento apartaran las miradas el uno del otro. En el ambiente se respiraba tanta sensualidad, que resultaba sofocante. Entrelazaron sus manos y ella, uniéndolas yema sobre yema las mantuvo así, durante un rato.

Ella suavemente las besó, acercándolas a su entreabierta boca. Así permanecieron durante unos minutos, y cuando él separo su mano, lo hizo para acariciar la cintura de ella. Fue bajando un poco más, y con mano delicada y experta le acarició entre sus piernas, y ella de nuevo se dejó hacer.

foto montaje cita 3 album

Fue pasando la tarde y la luz en el apartamento empezó a escasear, entonces ella se dio cuenta, muy a su pesar, de que se le hacía tarde, de que tenía que irse.

Fueron buscando la ropa, que había quedado en el suelo, y poco a poco, y sin dejar de mirarse se vistieron lentamente en silencio.

Se abrazaron, se dieron un largo y profundo beso y se despidieron.

foto montaje cita

(foto montajes realizados por amparoperezortola.wordpress.com)

Anuncios

4 pensamientos en “La cita

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s